La villana abandonada se convirtió en un zombie 50

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Luego, al sentir el brazo firme que sostenía sus nalgas, Uben se dio cuenta de que era el Archiduque Heresdon.

—Ugh.

—¿Quién te dio permiso para salir?

Su voz, que no podía hablar fuerte y solo susurraba, sonó amenazante.

Uben renunció a defenderse. En su voz había una firmeza que no permitía excusas. Finalmente, fue llevado de vuelta dentro de la puerta del castillo por Heresdon.

Después de bajar a Uben, Heresdon puso una expresión de gran descontento.

—Quédate callado. No salgas.

Después de esa breve orden, Heresdon salió nuevamente.

Aunque sabía que significaba que debía entrar, Uben se quedó mirando a quienes movían los cadáveres de zombies.

No podía apartar la vista de los rostros que conocía.

Por alguna razón, Uben sintió que iba a llorar.

Pero antes de que pudiera hundirse en una sensación más profunda de desesperación y frustración, la gente comenzó a entrar, uno por uno, por la puerta del castillo, como si el trabajo estuviera casi terminado.

Uben entró rápidamente al patio interior antes de que Heresdon regresara.

Sabía que si llamaba la atención de Heresdon, terminaría regañado otra vez.

Uben cruzó rápidamente el pasillo vacío y se dirigió a la cocina.

Todos todavía estaban allí.

Y Penélope, diciendo que haría todo el trabajo sola, se movía ocupadamente.

Podía ver a Penélope de pie frente al fuego cortando papas, y a Lilia a su lado revolviendo la olla con una espátula.

… Qué exagerada.

¿Qué diablos está haciendo hasta ese punto? Honestamente, la persona más despreciable dentro de esta fortaleza, sin importar lo que digan, era Penélope Lloyd.

Parecía desconfiar y sospechar de los recién llegados, pero en realidad, la persona que más merecía ser rechazada era ella.

—… No.

Uben sacudió la cabeza para despejar rápidamente sus pensamientos y comenzó a reflexionar sobre lo que necesitaba ahora.

Si yo ayudo un poco con el trabajo de Penélope, ¿el Archiduque Heresdon, cuando venga a regañarme, no dirá nada y se irá?

Tal vez, si parezco ocupado, podría dejarlo pasar.

—Ah…

Después de una breve reflexión, Uben, que se acercaba a Penélope, frunció el ceño y dejó escapar un pequeño suspiro.

Y luego salió corriendo rápidamente por el pasillo.

Pasó velozmente junto a las personas que entraban una por una y salió del patio interior, pero la puerta exterior ya estaba firmemente cerrada.

—Uben.

Quien llamó a Uben, que tocaba con desesperación las rejas que bloqueaban la puerta del castillo, fue Heresdon.

—Debe ser peligroso, claramente te dije que no te acercaras a esta zona.

Le advirtió una vez más con voz tranquila.

—Entra.

Aunque los zombies que habían limpiado frente a la puerta del castillo ya no se veían, Uben permaneció de pie allí por bastante tiempo.

—Ha…

Heresdon, que suspiró con irritación por la frustración, lo levantó en brazos, pero Uben no podía apartar la vista de la puerta del castillo.

Fue un día ajetreado y caótico.

Especialmente la preparación del desayuno fue tal que bien se podría decir que Lilia y yo la preparamos solas debido a la repentina ausencia de Uben.

Mientras desayunaba, Idorian le dijo a Lilia que no se preocupara, porque ya habían limpiado a los zombies frente a la puerta del castillo.

Aunque todos parecían aliviados, como si hubieran resuelto una tarea, las palabras de Idorian me hicieron preocuparme aún más.

Todavía había personas que no se habían recuperado completamente de sus heridas.

Eran siete que no pudieron salir por la puerta del castillo esta mañana.

Así que no sabía si podía relajarme hasta que se recuperaran, o si ya casi era el momento en que huirían con nuestra comida.

Viviendo en el mismo castillo que los ladrones, yo no podía saber cuándo sería ese momento.

Aunque me obsesionaba y me encargaba de las tareas de cocina, yo también sabía bien que eso no era la solución definitiva.

El opio que probablemente tenían los habitantes de Rotten podía disolverse en el agua.

O, por mucho que yo vigilara la comida, podía haber momentos en que me despistara.

Aun así, la razón por la que me empeñaba en quedarme frente a la olla era la esperanza de que, esforzándome así, podría evitar que todos, bajo los efectos del opio, cayeran en un sueño profundo.

Si alguien, aunque fuera una sola persona, no tomara la droga, tal vez podría ayudar a Heresdon a despertarse en medio de los efectos.

Entonces, aunque no pudiera proteger la comida, ¿no podría al menos evitar la terrible situación en que esos locos de Rotten tomaran a Lilia como rehén?

(Luna: algo me dice que si pasa, serás tú la rehén xD.)

Lo sabía. Esa gente ya había arriesgado sus vidas para saquear nuestra comida.

Así que, por mucho que yo tuviera cuidado, cuando llegara el momento y la oportunidad, ellos robarían la comida.

Exhalé profundamente y ordené mis pensamientos.

Al fin y al cabo, era algo que ya sabía desde el principio, y no entendía por qué me invadía la desesperanza cuando ya estaba en máxima alerta.

No es que estuviera físicamente agotada.

De repente, mi mirada se dirigió hacia Lumy, sentado diagonalmente frente a mí.

Pero no pude observarlo por mucho tiempo.

Aunque tenía cosas que hablar con él, no quería hacerlo.

No sabía qué decirle a Lumy.

Necesitaba saber qué pensaba y cuánta buena voluntad tenía hacia mí.

Pero él actuaba como si no pasara nada.

Después de maldecirme un poco a mí misma, finalmente me decidí.

Cuando terminara de comer, iría a hablar con él.

… Intentaría decirle que sigamos como antes.

Justo cuando Lumy se levantaba, como si ya hubiera terminado de comer, y yo también me apresuraba a levantarme, Idorian me tomó de la mano.

—Penélope, ¿acaso esto es todo lo que comiste?

Frunció el ceño con fuerza.

—Es que no tenía mucha hambre.

Ahora noté que él ya había terminado su porción de comida.

—Alteza, ¿quiere un poco más de comida? Seguro que queda algo.

—¿Qué?

Idorian parpadeó como si no entendiera y luego negó con la cabeza.

—No es que tenga hambre. ¿Acaso ayer tampoco comiste bien?

Entonces recordé la advertencia que Lumy me había hecho antes.

Que Idorian cuestionara que yo comía tan poco era una señal de peligro.

—Ayer, después de que se fue, comí todo.

—… ¿En serio?

Los ojos de Idorian se estrecharon un poco.

Ante esos ojos que querían confirmar la verdad, asentí firmemente con la cabeza.

—Está bien.

Idorian soltó mi mano, que sostenía ligeramente.

Me apresuré a ordenar la comida restante y seguí a Lumy.

Cuando subía las escaleras tras él, fue él quien primero se volvió a mirarme.

—… Lumy.

—Sí, Penélope.

—Necesito hablar contigo un momento.

Lumy, sin decir nada, siguió caminando.

Mientras me preguntaba si eso era un rechazo, Lumy abrió la puerta de mi habitación y, al verme quieta, hizo un gesto para que entrara.

—Es que, sobre el Archiduque Heresdon…

—Sí. Parece que todo terminó bien. Tú me defendiste, Penélope.

Lumy respondió rápidamente, sin vacilar.

—Pero, más que haber disipado las sospechas o creer en tus palabras, parece que decidió observarme un poco más.

Lumy evitó disimuladamente mi mirada.

—¿Es la respuesta que querías?

—Ah, sí.

—Entonces, ¿puedo hacerte una pregunta también?

Cuando asentí, él, que había vacilado un poco, habló.

—¿Estás decepcionado de mí? ¿Aunque me disculpe, seguiré siendo incómodo para ti?

Lo pensé todo el día de ayer.

La razón por la que Lumy soltó mi mano era, claramente, porque me veía como un zombie, no como una persona.

Porque pensaba que, aunque yo sufriera, entender a los zoymbis era prioritario.

Aun así, él se arrepentía.

Aunque podría haberme ocultado la razón por la que el Archiduque se enojó, al final no pudo esconder la verdad.

Si él se hubiera quedado callado, yo habría creído para siempre que soltó mi mano por mí.

Debió confesar la verdad porque se sentía culpable.

No sé si su disculpa era para aliviar su propia incomodidad, pero claramente reconoció su error y se arrepintió.

Aun sabiendo eso, había vacilado en hablar con Lumy hasta ahora porque, como él dijo, estaba decepcionada.

Porque aunque se disculpara, no parecía que esta sensación incómoda fuera a desaparecer.

—Si prometes no volver a hacerlo, te perdonaré.

… Perdón. En este momento, ni siquiera podía controlar mis propios sentimientos.

Aunque no sabía cuándo desaparecería esta incomodidad, me limité a sonreír disimuladamente, como si estuviera bien.

En realidad, no tenía opción. Mientras él guardara mi secreto.

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Raws: Vi (Donativo)

Traducción: Luna




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