La villana abandonada se convirtió en un zombie 80

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Cuando llegué a la casa donde estaban esperando Idorian, Lumy y Uben, era un poco pasada el mediodía.

En cuanto entré a la casa, aquellos que me habían estado esperando se pegaron a la puerta y me miraron.

—… ¿Por qué tardaste tanto?

—Señorita, ¿no está herida?

Como cada uno soltaba lo suyo, no pude responder apropiadamente y solo sonreí levemente.

—Trajo bastante. Parece que había comida en el campo —Lumy tomó la cortina que yo cargaba y habló.

—Había tantas malezas que al principio no supe que era un campo. Pero había muchísimos cultivos dentro.

—¿Qué demonios trajiste en tanta cantidad?

Idorian, conteniendo un suspiro, añadió un comentario—: Ya te dije que afuera es peligroso.

Ante las quejas de Idorian, Lumy frunció el ceño como diciendo “ahí va de nuevo” y negó con la cabeza de un lado a otro.

—En vez de eso, ¿cómo estaba el lado del pueblo? Probablemente no había gente, ¿verdad?

Lumy ignoró a Idorian y cambió de tema nuevamente.

—Sí. No había gente.

—Ya han pasado varios meses desde que comenzó esta situación…

La voz de Lumy bajó un poco.

—Ojalá la gente de este pueblo hubiera sabido que, si ocultan su olor, podrían ser un poco más libres de los zombies.

—Sí…

Lo que vi en el pueblo hace un rato seguía viniendo a mi mente, y mi voz se tornó sombría en un instante.

—¡Ahora yo me encargaré de cocinar! ¡Señorita, descanse un poco!

Fue Uben quien cambió el ambiente en ese momento.

Después de revisar la comida traída en la cortina, eligió algunas y se acercó a la estufa.

Luego, se acomodó y comenzó a encender el fuego.

Sacó un fósforo de la repisa sobre la estufa y lo raspó contra un ladrillo.

Poco después, la estufa se llenó de fuego.

El niño ensartó papas, batatas y maíz como pudo en un pincho de metal que encontró quién sabe dónde y los colocó sobre el fuego.

De repente, como si se le ocurriera algo, miró a Lumy y preguntó—: Hermano, ¿comiste la carne de ave que había en el fuerte?

—Sí, antes de salir.

—Qué envidia. Debía estar rica, ¿verdad?

Lumy asintió con la cabeza, como recordando el sabor de esa carne que comió hace poco.

—Ay, qué envidia.

—¿Quieres que te diga cómo sabía?

Ante la propuesta de Lumy, los labios de Uben se torcieron aún más.

Pero justo cuando estaba a punto de asentir, como si no pudiera resistir, Idorian intervino.

—¿Quién no sabe cómo sabe la carne? No engañes al niño con conversaciones innecesarias.

Él trajo un pequeño taburete y lo puso a mi lado, como indicándome que me sentara.

—No es para engañarlo.

—No, Su Alteza. El hermano Lumy dijo que no debe mover el brazo, ¿verdad?

—Ah, es cierto. ¿No te dije que no escucharas estas cosas?

Ante las quejas repentinas de Lumy y Uben, Idorian retrocedió un gran paso.

—Con esto está bien.

—¿Bien dice? Si sigue así, se va a…

—Sí. Entiendo.

Fue Idorian, quien ante las palabras de Uben, bajó la cola instantáneamente.

Mientras lo observaba quieta, extrañada por esa actitud, Idorian desvió ligeramente la mirada y Uben sonrió maliciosamente.

—En vez de eso, extraño a la hermana Lilia y al Archiduque. Seguro están muy preocupados por nosotros, ¿verdad?

—Probablemente sí. Lilia nos insistió mucho que regresáramos con cuidado.

—Pero como solo son dos, podrán comer carne a montones.

Uben, girando el pincho de metal, comentó de golpe.

Parecía que la carne de ave que dejamos en el fuerte no le salía de la cabeza.

—¿Esos dos? Probablemente no la están comiendo. Lilia dijo que quería comerla todos juntos, así que no la comió, y el Archiduque Helesden dijo que no pensaba en eso particularmente.

—¿Eh? Pero dijiste que la comiste antes de salir.

—Solo yo. Como era un viaje largo y podría ser que no comiéramos carne de ave en el futuro…

Lumy, revolviendo algo en un rincón de la cocina-comedor, habló.

—Pero si hubiera sabido que esto pasaría, habría comido dos antes de venir.

Trajo un pequeño frasco de especias y lo espolvoreó repetidamente.

—Ambos nos estaban esperando. Hasta pospusieron la carne…

Acaricié levemente la espalda de Uben, que se había deprimido de repente, y dije—: Pronto los volveremos a ver.

—¿Podremos verlos?

—Claro. Nos reuniremos con las tropas imperiales, veremos a la señorita Lilia y al Archiduque, e iremos a la capital.

Le hablé a Uben como si fuera obvio.

—Cuando vayamos a la capital, quizás aún quede carne que a Uben le guste.

—¿En serio?

Cuando vayamos a la capital.

Creo que era la primera vez que hablaba de esto con los demás.

—Entonces, Uben podrá comer incluso mi porción de carne.

—¿De verdad puedo hacer eso?

En una situación donde nada era seguro, todos estábamos siendo cautelosos, por eso incluso las pequeñas palabras eran cuidadosas.

Pero, una vez que realmente hablamos abiertamente…

—Por supuesto. La capital es segura de los zombies, así que no será tan difícil como ahora.

Aunque fueron palabras para consolar a Uben, sentía que yo era la que más consuelo recibía.

—Sí. Y cuando vayamos a la capital, Lumy, que es listo, Su Alteza Idorian y la señorita Lilia pronto crearán la cura.

—¡Entonces pronto podré ver a mi mamá de nuevo!

El niño, como si quisiera confirmar mis palabras, miró a Lumy y a Idorian.

—…

—… La cura. Esta vez definitivamente debemos reunirnos con las tropas imperiales e ir a la capital.

Idorian permaneció en silencio, apretando los labios con fuerza, pero Lumy asintió débilmente, concordando con mis palabras.

—Cuando lleguemos a la capital, dentro de las murallas podremos movernos libremente.

—¿Como en el fuerte?

—Será cientos de veces más grande que el fuerte.

Uben, con una expresión pensativa, giró el pincho de metal y de repente habló.

—La señorita y Su Alteza tienen casa en la capital, ¿verdad?

—¿Eh?

—La hermana Lilia y el Archiduque Helesden también, supongo.

No sé qué quiere decir, pero primero asentí en silencio ante la pregunta del niño.

—Entonces, ¿nos separaremos? ¿Cuando vayamos a la capital, terminará el vivir todos juntos en un solo lugar como ahora?

—Probablemente sí. ¿Por qué? ¿Quieres seguir viviendo juntos?

Uben asintió con la cabeza.

—Además, yo o el hermano Lumy no tenemos casa en la capital. No tendremos dónde vivir.

—Uben, tú o Lumy, naturalmente pueden vivir con la persona con quien quieran, ¿no?

Mientras afuera de esta casa, los zombies deambulan buscando personas, su preocupación en este momento es que no tendrán dónde vivir cuando vayan a la capital.

En ese momento, me di cuenta de lo joven que era Uben.

—Da igual con quién digas que quieres vivir, todos te recibirán con alegría, ¿por qué te preocupas?

—¿De verdad será así?

—Claro.

No hay necesidad de preocuparse por eso; en cuanto lleguemos a la capital, Lilia le dará una habitación a Uben.

Ella es de esas personas que prepara todo para que uno viva cómodamente, incluso antes de que uno lo pida, ¿por qué se preocupa?

—Entonces…

—Yo quiero vivir con la señorita.

—¿Eh?

Ante las palabras inesperadas, cuando pregunté de nuevo, el rostro del niño se sonrojó al instante.

—… Dijo que todos me recibirían con alegría.

—No, no es que no quiera.

Me apresuré a añadir, ante Uben, que parecía herido.

Cuando lleguemos a la capital, planeo encerrarme en la residencia ducal y permanecer recluida hasta que se desarrolle la cura.

No es que no quiera al niño, es decir…

—Ya acordé que yo viviré en la casa de Penélope, por eso.

—¿Eh?

—¿Qué?

Ante las repentinas palabras de Lumy, Uben pareció tan sorprendido como yo y preguntó de nuevo.

Y también Idorian, que estaba detrás de nosotros.

—Ya es algo acordado, así que no hay remedio. Lamento decepcionarte, Uben, pero elige a otra persona.

—Pero… la casa de la señorita debe ser grande. Si no me desagrada, ¡puede aceptarme a mí también!

Uben empujó a Lumy y se acercó.

—¡Además, soy más útil que el hermano Lumy! Mira, yo hago toda la cocina.

—¿Qué dices? Entonces yo giraré esto, ¿de acuerdo?

Lumy, girando el pincho de metal sobre el fuego que el niño había dejado, habló.

—No, Penélope. ¿Realmente prometiste vivir con Lumy?

—Simplemente cancela la promesa y vive conmigo. Pronto seré más fuerte.

—Penélope. ¿Realmente vas a vivir con Lumy en esa mansión? ¿Por qué?

Idorian, que de repente se había acercado detrás de mí, me golpeó el hombro con impaciencia, como si quisiera que lo mirara.

—Lumy, ella tiene muchas casas en la capital.

—¿Eso es mío? Es de mis padres. Yo no tengo casa.

—¿El edificio del centro comercial en esa zona comercial, y el Hotel Leveny frente al parque también son de Lumy?

Ahora, Idorian comenzó a enumerar las propiedades de la familia de Lumy que yo no conocía, sacudiendo mis hombros, que sostenía firmemente, de un lado a otro.

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Raws: Vi (Donativo)

Traducción: Luna




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